Una vez la propiedad pasa a manos privadas en el 1859, sus dueños, tras declararse el manantial de utilidad pública y mineromedicinal en 1861, decidieron construir un edificio en dicho emplazamiento, donde se encontraban los baños, para todas aquellas personas que quisieran hospedarse, relajar cuerpo y mente, disfrutando de sus aguas en un entorno natural privilegiado. La dirección de este nuevo manantial y del balneario llamado Riva los Baños recayó en el licenciado en medicina y cirugía D. Manuel Tobías.
Durante el tiempo en que el D. Manuel Tobías estuvo al frente del balneario, realizó un completo estudio de éste y de sus alrededores, de las aguas del manantial y de las propiedades que éstas poseían, así como del bien que causaban en las personas que las tomaban, causa por la que eran bien conocidas desde tiempos remotos. Del mismo modo, sirvieron para aumentar su fama. Los análisis que realizó D. Ildefonso Zubía e Icazuriaga, Doctor en Farmacia, Licenciado en Ciencias Naturales, Catedrático de Física, Química e Historia Natural del Instituto Provincial de Logroño en 1863.Gracias a los ensayos monográficos de la época, se dispone de la descripción exacta del manatial y de la casa de baños.
Los inquilinos, una vez pasado el puente, y tras dar un agradable paseo por un camino rodeado de árboles y bancos, se encontraban con el Balneario de Riva los Baños. El edificio se compone de una planta baja, un piso principal y un segundo. Entre ellas se repartían 9 habitaciones con balcones a la fachada del mediodía, las dos cocinas, el comedor social y el salón de descanso.
Un arca de 19x10m recibía las aguas profundas y de allí pasaba por conductos a las bañeras de zinc con sus grifos de bronce de cada una de las habitaciones separadas. Dichas habitaciones disponían además de una cama de hierro, una mesa con recado de escribir, un espejo, algunas sillas y palanganero de hierro con servicio de porcelana.
Por supuesto, disponían de bañeros encargados de asistir a los inquilinos, o enfermeros que se habían alojado al precio de 5 reales por persona y que, al igual que los modernos spas de ahora, podían elegir entre diferentes tipos de baños: locales, generales o de chorro. Por la misma época el agua también se vendía en farmacias en Madrid y en todas las capitales del reino, al precio de 7 reales la botella de dos cuartillos.
Fue asando el tiempo y, tras etapas de diversa actividad en las que en algún periodo fue regentado por religiosos, llegó la guerra civil y el balneario tuvo que cerrar sus puertas.